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martes, 29 de agosto de 2023

OUAJD KARKAR

 

  

 

Cuando las amapolas agonizan 

 a Andichi Chahid
Octubre de 2012, México

 

I
Todo es un enfrentamiento entre lo lejano y la distancia.
Tan solo la barca de la furia remolca su mar, el cuervo detrás de ella soy yo, el que dice:
—Dile, dile, este tiempo de nuestra muerte es sin igual.

 

II
Levántate, amigo, para que unas tu andar a este intrincado camino en el que la imposibilidad, en el fondo del corazón y del alma, cercó como un corral, la noche también se enoja y gira desprendiendo aromas cancerígenos.

 

III
Gente de todo el mundo, golondrinas de cada palabra marchan conmigo a orillas de lo perdido, a esta época que se junta como rabia, que al asomarse no ve más que amapolas que agonizan como el Rif, agonizan como poema, agonizan como libertad y solo existe el pan a secas del que habló Mohammed Chukri.¹

 

IV
Amigo a través de los poemas, ¡amigo mío! Este es el pueblo de los Ait Adanbi,² techado de nubarrones, donde el caballo es verde y galopa con su dolor, donde su madre, detrás de él, es el sol que en su ocaso llora murmurando:
—¡Oh, mi hijo menor, que para el sufrimiento es el mayor!

 

 

Versión al español del autor.

 

1.- Mohammed Chukri era originario de Aït Shishar, Protectorado Español del Rif ubicado en el actual norte de Marruecos. Nació el 15 de julio de 1935 y murió en Rabat, el 15 de noviembre de 2003. Escribió varias obras; una de las más conocidas, El pan desnudo o El pan a secas, es una autobiografía que fue inicialmente prohibida en Marruecos.

2.- Ʃeddenbi se refiere a un personaje humilde llamado Adenbi n Ssuq, semivagabundo que dejó numerosos dichos reflexivos en la cultura bereber del Rif.

 

lunes, 28 de agosto de 2023

OUAJD KARKAR

 

 

 

Los umbrales del socorro

 

I
Llegó el tiempo, aire de montañas,
sombra de los huertos y el sol brillante
perfecto para el encuentro.
Soy el que espera, he salido del pueblo.
El cielo cubierto por las nubes, la tierra vestida con ellas.
Algunas veces el camino que lleva hacia ti,
se olvida de mí, 
no me encuentro en ninguna parte,
solo el tiempo hace lo que quiere.
Así es nuestra situación; enredada en sí misma,
como el arcoíris.
—Nuestro An
ar¹ ya no tiene compañera,
ahora es viudo.  

 

II
Hace mucho que mis pensamientos no concuerdan conmigo.
Me asomé para mirar el día, la luz y lo mucho que florece,
la luz es roja, es verde, es amarilla.
Algunas ramas se movieron, por un instante
creí que era la revolución de las aves.
Pero toda esta esperanza maldita no me encuentra en ti
y yo no sé dónde reposar.
En la revoltura de la tierra, el día enmudeció entre nosotros.

 

III
La sombra, ¿por qué cayó de las ramas? ¿Otra vez los muros? ¿De nuevo los cercos?
Rostro sin rostro, frente a este espejo te escribo, elimino lo escrito,
escribo y envío mis palabras:
“Terrazas de la Infancia”, “Manantial de los Poetas”, “Rio del Lobo”, “Cruce del Otoño”…
 Frente al haz de luz, la puerta del cielo se desplaza.
En la lejanía, sobre los umbrales del socorro,
levanto las enaguas de mi sueño que camina
tras la subida y la marcha que cojea.
De mí mismo huyo desnudo como la hoja de los vientos.
Estoy así en un mundo que actúa como si fuese un mendigo.

 

IV
A distancia de las hojas, la tierra bajo el cielo, las cuevas bajo la tierra,
no he encontrado la salida.
Toco algunas puertas, pasó el tiempo y aun sigo tocando el pandero
—aunque la pandereta es más dulce.

¿Dónde está la salida? ¿Hacia dónde mirar? 
¿A dónde te diriges? ¿Cuál es mi camino?
La noche es ciega, solo ve su oscuridad.

Entristecido, terminé como si no existiera, seguiré sin ida ni retorno.

 

V
El insecto se acurruca en mi regazo.
¿Acaso hay una fogata en mi interior?

El aquí es lejos del allá, hacía frío antes.
Algunas veces juntos, otras veces me separo.
La he visto en el silencio de las pavesas,
caigo al fondo.

 

VI
Desde y donde caí, la montaña está en su tamaño, el cielo es movimiento, 
álamo sobre la orilla, los ojos son lágrimas.
Tras de ti voy, persiguiendo un pájaro que no vuela.
 Su preocupación es grande, la caída sobre sí mismo, hasta que me dijeron:
—¡Se ha quedado sin alas!
 
VII
“Pasé por acá y por allá, me di cuenta de que no he cruzado por ahí”,
casas de piedra y tierra.
Sí, sobre el mirador en donde nos encontramos, el cielo se inclinó, cayó,
sólo la media luna se recogió, como feto, como errante entre las nubes.
Alma ancestral, lo que anhelamos es como vapor sin esencia,
la separación de los días, gotas de lluvia.
Retumbó el trueno en las tiniebla, como el borde de un tejado. 
La mariposa que esperó por ti aún está lejos,
estoy distante de lo que veo. 

 

Versión al español del autor.

 

1.- Este término significa lluvia en bereber/amazige, y en la tradición local es el dios de lluvia, consorte del arcoíris, conocido como taslit n unar, “la novia de la lluvia”.