YO
soy igual que mi padre,
aunque no nos parezcamos en nada,
ni tan siquiera en lo más sencillo.
Me miro en el espejo
y veo a mi padre, mientras en la imagen
huye la sombra de la memoria.
Hay en mis manos una impronta generacional
que me conforma, la herencia incontrolable
de un desgarro en las entrañas,
el grito silencioso de un ayer desubicado.
Y en los cajones de lo cotidiano,
allí donde lo evidente se hace materia y toma vida,
en aquel lugar en el que nunca me encuentro,
es allí, en esos cajones, donde enhebro
la leve conciencia de lo inevitable
y recuerdo, sin dudas y con orgullo,
que yo, yo soy igual que mi padre.
De:
“Al otro lado del abismo”
No hay comentarios:
Publicar un comentario