"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 1 de octubre de 2026
DOROTHEA LASKY
Lo
que los poetas deberían hacer
Los
poetas deberían volver a decir cualquier cosa
Todo el tiempo
Estoy harta de los académicos o de los empresarios diciéndonos a los poetas
Lo que deberíamos hacer
Un poeta es un científico
Que trabaja para la poesía
O para la ciencia
Porque ambas se relacionan con el budismo
Sin embargo, las dos son cosas que se funden
Una neblina púrpura o el alba
Que se hunde
Siempre un ánimo cambiante,
Pero es verdad, yo los amo chicos y chicas de la madera y las palabras
Digamos lo que se nos cante
No tenemos que defender nada
Declamar es un derecho que nos ha dado Dios
No, déjenme empezar de nuevo
Hablar es nuestra ley universal
Sin notarios que midan si los argumentos de nuestros
Versos son más o menos delgados
Sin que nos ordenen hacer un tratado sobre el lenguaje, no
No, nosotros seguimos viviendo y viviendo y viviendo
Eso es hermoso, y los poemas también son hermosos
Los poemas y las conchas
Esas pequeñas nadas las recolecto
Todo el santo día
Son señales de un consuelo posible
Que suavice los bordes dentados
De esta viajera preocupada
Eso es lo que los poemas deberían hacer
Y eso es lo que poetas hacen en realidad
Maldita luz
Siempre dándome en la cara
Sólo quiero un poema del que hablar
Entonces sigo y sigo
Hasta la noche
Y las personas del pueblo te dicen
Que tal vez vieron
Un monstruo
Pero no no, yo era sólo el amanecer
DAVID DELFÍN
Infringir
leyes naturales,
creer
en los desajustes que avivan el pulso trasmisor de la materia, «que es deseo
puro el mar, pura posibilidad», Clara Janés, La indetenible quietud, y
en su interior el instinto de cuello alto, de distraídas escuchas entre las
placas tectónicas.
De:
“Oqueruela Tékne”
ÁNGEL GUINDA
Yo
me acuso
Atravesado
por un rayo de sombra,
como todos los jóvenes, yo vine
a que se me llevara la vida por delante.
He pasado de largo, callé, cerré los ojos:
¡en nombre de vuestra generación yo me acuso!
Si escribo para nada, para nadie,
me sobra la palabra.
Si el padecer no es vivir,
el mundo está mal hecho,
cualquier tiempo pasado fue peor,
y me conformo;
si no echo abajo el cielo a puñetazos,
si no rompo la luz ni rasgo el aire,
si hiedo y trago tanta podredumbre,
estoy muerto: matadme una vez más.
De:
“Me he fumado la vida”
DANIEL FERNÁNDEZ
Cárcel
de amor en tiempos de Postdoc
(De
vita philologica)
Tus
cosas, derramadas por la casa:
las botas de los viernes, la ironía,
el pijama de Minnie, la Odisea
con tus ilustraciones favoritas.
Tú, en un avión de nuevo rumbo a Roma,
dispuesta a dedicar todos tus días
(mira que darme celos con don Pedro…)
a Clarín, Segismundo y compañía.
Y yo: «Vuelve, corsaria, y echa el cierre
a esta horrible novela bizantina,
que —a ver si dicho así por fin te enteras—
te me llevas cautiva el alma mía».
De:
“La vida por delante”
VITTORIO SERENI
Miedo
segundo
Nada
tiene de espanto,
la
voz que me llama
exactamente
a mí
desde
la calle frente a mi casa
en
nocturna hora:
es
el breve despertar del viento,
una
lluvia fugaz.
Mi
nombre no enumera
mis
errores, ni me reprocha el pasado.
Suavemente
(Vittorio,
Vittorio)
me desarma, arma
contra
mi propio yo.
TONY HOAGLAND
Cómo
se va sumando
Está
el día en que nadé en un río, un lago y un océano.
Y el día en que renuncié al trabajo que me había conseguido mi padre
Y el día en que me quedé parado afuera de una puerta,
y escuché a mi novia hacer el amor
con alguien, obviamente no yo, adentro,
y me
sentí extraño porque no me importó.
Está
la mañana en que nací,
y el año en que fui un perdedor,
y la noche en que fui el ganador del premio
por el cual la audiencia aplaudió.
Después
está alguien más a quien conocí,
cuyo rostro y voz no puedo olvidar,
y el recuerdo de ella
es como una cárcel en donde estoy atrapado,
o
quizás ellas es sólo algo que uso
para mantener a mi vida real a cierta distancia.
La
felicidad, dice Joe, es una roja flor salvaje
arrancada de un río de lava
y sostenida en alto por una cuerda tensa
colgada entre dos escuálidos árboles
sobre un cañón
en una tormenta de viento maniaco-depresiva.
No
la sueltes, No la sueltes, No la sueltes –,
Y
cuando lo hagas, seguirás buscándola
en todas partes, por años,
mientras que detrás de ti,
las huellas que vas dejando
parecerán
notas
de una loca canción.
