viernes, 21 de julio de 2023


 

JOSÉ KOZER & ENRIQUE WINTER

 

 


Contrafuga

 

Escribiré una tanka, sílabas contadas.

(Se la dedicaré a Enrique Winter).

Haré las maletas, una de cartón piedra,
………….la otra de cuero de
………….Moscovia.

Sentado al borde de una colombina,
…………..una sextina.

No sé si la escribí casi a la salida o si Pound
…………..la escribiría en un trozo
…………..de papel de estraza con
…………..pluma fuente en Altaforte.

(Cráteras de vidrio para uvas de cera).

Oiré un resoplido, el canto de un ave chilena
…………..(¿tenca?) el báculo
…………..(crozier) un primer
…………..paso: andas. Nieva
…………..en Francia adonde
…………..aquel monasterio
…………..benedictino, oscurece,
…………..se filtra en mi oído el
…………..malo (acúfenos) lumbre:
…………..no sé si veo bayaderas
…………..o plañideras, a unos
…………..pocos pasos me
…………..percato que a la
…………..tanka le falta una
…………..sílaba.

Para Enrique Winter.

 

De: “Variaciones de un día”

Nota: El poemario, Variaciones de un día, escrito a cuatro manos por José Kozer y Enrique Winter, funciona como un verdadero diálogo poético en el que los autores decidieron entrelazar sus textos de tal forma que las autorías individuales se diluyen intencionalmente para dar prioridad al fluir y al ritmo colectivo de la obra.

PAUL CELAN

 


 


En la noche, cuando el péndulo

 

En la noche, cuando el péndulo del amor oscila
entre siempre y nunca,
tu palabra llega hasta las lunas del corazón
y tu ojo azul de tormenta
le da el cielo a la tierra.

Desde muy lejos, desde un pequeño bosque ennegrecido por los sueños,
nos llegan los suspiros,
y lo perdido pasa, tan grande como las siluetas del futuro.

Lo que se hunde y se levanta,
vale para lo más profundamente enterrado:
ciego, como la mirada que intercambiamos,
besa al tiempo en la boca.

Versiones al español de Gerardo Piña

 

 

ASGER SCHNACK

 

  


15

 

Luz queremos ser,
y la oscuridad desaparece.

Movimientos que se mueven,
todo lo que pueden.
 

Versiones al español de Belangela Tarazona

 

VALERIO MAGRELLI

 

  

 

CADA NOCHE, inclinado sobre el claro
huerto de las páginas,
tomo los frutos del día
y los reúno. Alineados
en hileras paralelas, transcurren los pensamientos,
rastros de cuidadosas uniones.
Mi vida está ligada
a la cosecha de la fruta,
a su consumo cotidiano, sencillo.
No hay ninguna lógica en tomar
las flores o los frutos secos. La única,
y es más que suficiente, está en la germinación
espontánea y vegetal de la idea.
Lenta conmoción que modifica
la tierra que la concibe. O la cocina
sin adornos del comensal.

 

Versión de Roberto Bernal

 

 

GEORGE WALLACE

 

 

 

Oda a Pablo de Rokha



apostar con el diablo es un juego de tontos, a menos que estés jugando con dinero de la casa, o sea, robando el lenguaje del enemigo y usándolo en su contra, en cuyo caso es todo por jugar, es todo por amor y, luego, ¡fuera del juego! No te puedes perder a Pablo de Rokha por la forma de la fruta que comes, porque el lenguaje que usas es caliente y rico, es abundante y variado, se entrelaza como la cordillera

la lengua viva y madura de los incas en tu boca, la apuesta de velas españolas suramericanas

entre los dientes, como espíritus que entran y salen del mundo, como la tierra o la niebla, a través de cada amalgama de sonido, volando con el cóndor fuera de lo común, tus indisciplinadas palabras, salvajes y deliciosas a la lengua

juegas a cartas con los niños del cielo, peleas con Neruda o le haces el amor a tu esposa, pierdes, siempre pierdes, pero sales victorioso, contando tus pérdidas, contando tus ganancias; ningún dinero cambia de manos, no regalas secretos, tus poemas eructan los volcanes del marxismo y de humo, y llegan a lo más profundo del corazón extremo del mundo para alcanzar más

es el lenguaje de la gente y en su nombre Pablo de Rokha. Tu vientre, un danzante Titicaca de pez cabeza plana, tu aliento extraterrestre que nada por los Andes, son tus pulmones un regalo al mundo que marca símbolos y signos como la cuerda inca

y tus manos, Pablo, tus manos se sumergen en la superficie del nuevo mundo, de un hemisferio hecho bueno otra vez, vuelto rico; dos manos anchas como continentes, como una amplia niebla canadiense que brilla en el hielo azul del verano. El lago del mundo irradia enormes cordones de luz, es bañado por el sol sobre los llanos bolivianos

ni una nube en el cielo, son 1952 kilómetros hasta Santiago y estás por todas partes, saltando picos de montañas. Una cascada traspasa el sol, un ave rapaz llama al joven Ernesto que empuja su moto Yanqui por un precipicio y canta ¡carajo! Descalzos y libres silbidos cruzan la columna vertebral de las Américas

tu paso de leñador, tus brazos como todos los ríos del Uruguay juntos, tu latir como el pan argentino y la atronadora voz; con lentes junto al fresco Pacífico, tu plateada gracia es un amanecer precolombino, tus consonantes y vocales sagradas en pleno siglo XX, cuerpo a cuerpo, despiertan sueños revolucionarios entre el pueblo

¿quién ha sido vencido por la espada y el yelmo? ¡No nosotros! Oh, corazón indígena, vinceremos Pablo de Rokha, el nuevo mundo libre te saluda a ti y a tu embestida, a través de las palabras del enemigo, a través de todos los idiomas al alcance, sobre la opresión

¡oh, poeta del nuevo mundo! ¡Oh, ladrón de la liberación! ¡Oh, afilada daga en el vocabulario de la bóveda del tesoro colonial, canta! ¡Walt Whitman del sur, altísimo y magistral poeta de los continentes! También levantamos nuestras voces y cantamos contigo

contra el interminable sufrimiento del pueblo

contra los armamentos del orgullo europeo

contra los contornos de la mano corrosiva del Conquistador

  

Versión al español de María Del Castillo Sucerquia

 

 

JORGE AULICINO

 

  

 

Península Valdés

Chubut, Argentina

 

1

No por el placer o la fuerza visual del blanco se habló de nieve en los poemas. Se debe tener un corazón de invierno.¹

Dejaste atrás
Montmartre, y tu corazón comenzó a interrogarse sobre el sabor de la aventura. De esa
en particular, la de alejarse gradualmente del primer punto de París que habías conocido;
era un sabor de humedad y decepción. Pero quince años después
nevó en París y el alejarse de los puntos
conocidos fue alegría de nieve sobre pizarra,
calles avistadas tras el vidrio vaporoso
en un coche.

Dejaste atrás
dos veces más
París, y te adentraste en la Península en otoño. No hacía
suficiente frío patagónico.
El lenguaje de la biología marina,
y el de la física, y el de las ciencias en general
es un lenguaje indiferente, como la dura
catadura de la meseta y su borde marino,
pero no cierto.
Un lenguaje exacto no es verdadero. Es un fantasma
hecho de filos alineados, escrito en la sombra,
pero no por exacto es verdadero.

Habrá, se dijo,
o hubo,
una lengua semasiográfica, en la que cada signo es por su sola vez
a menos que el momento se repita tal cual.

Como si cada canto
fuera un signo solo,
como cuando no se puede volver atrás ni tampoco
hay un norte;
se diluyen en la convulsión de los días
las manos, las frutas que una vez se vieron;
como en un remolino hecho de cosas,
un solo signo cada vez las contiene,
un signo que no se repetirá, pues hay
cuerpos que no deben repetirse en la aurora
 
 
2

La aurora en Nueva York fue blanca. No hubo celeste
en la ciudad.
Nueva York encerraba toda Europa, pero con su sentido cuáquero
del mundo,
nacida de las islas,
como hubiese navegado a través del Mar del Norte.
Encerraba vajilla inglesa, armaba puentes de hierro dos veces
más largos, barrios de Londres, niebla
del Riachuelo, con una voracidad cosmopolita como nunca se vio.

Pero fue blanca la aurora y oscura la ciudad
alzada
sobre un suelo de piedra, trescientos metros la cota
de sus torres,
un intento semasiográfico absoluto, cuerpos
que no se repetirán en la aurora.
 
 
3

Ahora estás
en la Península, no hay nada atrás
porque la Península es desierto que se adentra en el mar.
Un coito sosegado de agua azul y de tierra amarilla
en cuyos bordes no hay árboles, no hay altura,
no hay perfil, sino el color de lava o de azufre, que pone
      ese signo despojado
      como un instrumento quirúrgico primitivo o
      un arpón o un glande
      en el mar.

No dejás nada atrás.
Mirás una foca cuyos ojos no miran, ven solo
      el mar.
Las focas de lejos son como alga en la orilla.
La piedra se anima.
Las rocas agujereadas se mueven.
Un canino liquen muerde el mar con dientes desvencijados.

Disolución en la espuma, y luego gotas que parecen congelarse en el aire.
Nada queda atrás porque nada se repite. El signo es puro
y único, el aire es completamente transparente, como si
      no estuviera,
excepto en las narinas
que se mueven con movimiento de algas
o de focas,
semasiográficas.

 

De: “El libro de los lugares sagrados” 

 

1.- Wallace Stevens
2.- Federico García Lorca