jueves, 17 de agosto de 2023


 

VALERIA SANDI

 


 


En silencio

  

Y para qué retener
jardines en la mirada
o acumular lluvias
si mojada estoy de esperas.

Y minado esta mi pecho
de tanta pólvora que albergan
estas pulsaciones.

Mi tiempo
se ha entregado
al barro de sus orígenes
ahora estás fragmentado
en mis costados que sangran.

Regálame silencios
porque tu voz
son frutos
esparcidos por mi vientre
                                     que palpitan.

Déjame cerrar los ojos
quiero ver
cuando la noche arranque
nuestras últimas flores del edén
para ofrendarlas
                                     a la muerte.

 

KANEKO MISUZU

 

 

 

El nombre de las plantas

 

Las personas saben el nombre de las plantas y
yo no sé el nombre de ni una sola.

Las personas no saben el nombre de las plantas y
yo sé los nombres de unas cuantas.

Es por eso que yo se los puse,
nombres que me gustan para plantas que me gustan.

¡Porque los nombres de las plantas que las personas saben, también
alguien se los debió de poner de alguna forma!

El único que sabe sus verdaderos nombres…
¡creo que solo es el Sol en el cielo!

¡Es así que yo las leo!
¡Y solamente yo así las leo!

 

Versión de Mario A. Palacios López

 

 

DIEGO L. GARCÍA

 

 


(Fotografía #12) Ventanas con papel film

 

autocine. los vehículos parecen abandonados
con el olor del tapizado a estrenar. puede
así yacer un cuerpo? los reflectores
cruzan la parte del fondo. no sé dónde
habrán ido las parejas que no querían repetirse.
las ventanas selladas con papel film
tienen un efecto acuático ante la cámara.
una habitación puede quedar deshabitada
pero llena de sensaciones.
no es el tacto o el sabor de las frutillas
lo que hace al verano –es temprano
dice una voz en la pantalla blanco y negro.
nadie puede abandonar la escena
sin una chispa de felicidad

 

De: “Fotografías”

 

JUAN CAMERON

 

  

 

Buenaventuranzas

 

Dichoso el tuerto en la tierra del sordo

será como gusano donde gallina ciega

será como el saciado donde el huevo de oro

Dichoso el tuerto en la tierra del mudo

que en su ojo muerto no pintará el sarcasmo

Pero menos dichoso en el país del ciego

a palos con un bote de colores

y la torpe ansiedad del arcoiris.

 

 

VÍCTOR RUIZ

 

 

 

AHORA PUEDES contemplarte:

Signo agrietado, informe figura de ceniza.

Eterno presente de deseo es ahora esto

Huellas del tiempo aterido sobre tu parda memoria

Deshilachándose en las líneas de tu carne.

 

En la oquedad de tus ojos aparecen

Tensos rostros hendidos por los años

Crisálidas impúberes de senos temblorosos

Bogantes caderas sobre una lívida acuosa pupila.

Todas ecos de los días de placer

En cuartos de cuerpos que se deshacen

Como elipsis de humo hilvanando

Formas sobre el vacío.

 

 Recuérdate así,

Revolcándote sudoroso bajo un tímido

Hálito de luces sobre ella. Penetrando

Su extensa concavidad edénica, su rostro

Sin nombre, su nombre sin rastro: hembra u hombre

Quizá súcubo o íncubo errabundo,

Igual que tú, buscando abrazos, besos o abismos.

 

Era el mejor de los tiempos

Edades de luces y tinieblas

Todo lo tenías y nada

Cielo e infierno juntos

Y tú, pálida Venus, efímera Beatriz

Del edén subvertido.

 

Y ahora te observas

Símbolo interrogante frente al espejo

Lejos ya del paraíso insolente

Del caminar sin prisa y a tientas

Solo ruinas de pájaro sin rumbo

Certeza recóndita de ser mañana incierto.

 

Acaso percibiste la certeza de la muerte?

Las fisuras de tu rostro grises

Surcándolo? –No. Sólo un tiempo había:

Un intervalo entre el antes y el ahora

Imponiéndose desde dentro

Y hacia el vasto litoral de huesos

Aventándote.

 

Luego vinieron ellos:

Los anónimos cuerpos en lucha

De amor trabados, impacientes

Y amontonados como nubes que se erizan

Sobre un retrato de ceniza y olvido

Lejos de la memoria, dijiste.

 

 

CARIDAD ATENCIO

 

 

 

Pedía cosas simples: no enturbiar el futuro con historias inesperadas. De todo, de todo ahora puede surgir lo extraño. Tengo los ojos y una memoria para padecer. Viendo a través de mí tocaba algo cortante o cómo me enveneno con mi aire. No percibía que, aunque la carne se entrega a su propio vértigo, había corrido hacia el bosque y nada más.