jueves, 17 de agosto de 2023

VÍCTOR RUIZ

 

 

 

AHORA PUEDES contemplarte:

Signo agrietado, informe figura de ceniza.

Eterno presente de deseo es ahora esto

Huellas del tiempo aterido sobre tu parda memoria

Deshilachándose en las líneas de tu carne.

 

En la oquedad de tus ojos aparecen

Tensos rostros hendidos por los años

Crisálidas impúberes de senos temblorosos

Bogantes caderas sobre una lívida acuosa pupila.

Todas ecos de los días de placer

En cuartos de cuerpos que se deshacen

Como elipsis de humo hilvanando

Formas sobre el vacío.

 

 Recuérdate así,

Revolcándote sudoroso bajo un tímido

Hálito de luces sobre ella. Penetrando

Su extensa concavidad edénica, su rostro

Sin nombre, su nombre sin rastro: hembra u hombre

Quizá súcubo o íncubo errabundo,

Igual que tú, buscando abrazos, besos o abismos.

 

Era el mejor de los tiempos

Edades de luces y tinieblas

Todo lo tenías y nada

Cielo e infierno juntos

Y tú, pálida Venus, efímera Beatriz

Del edén subvertido.

 

Y ahora te observas

Símbolo interrogante frente al espejo

Lejos ya del paraíso insolente

Del caminar sin prisa y a tientas

Solo ruinas de pájaro sin rumbo

Certeza recóndita de ser mañana incierto.

 

Acaso percibiste la certeza de la muerte?

Las fisuras de tu rostro grises

Surcándolo? –No. Sólo un tiempo había:

Un intervalo entre el antes y el ahora

Imponiéndose desde dentro

Y hacia el vasto litoral de huesos

Aventándote.

 

Luego vinieron ellos:

Los anónimos cuerpos en lucha

De amor trabados, impacientes

Y amontonados como nubes que se erizan

Sobre un retrato de ceniza y olvido

Lejos de la memoria, dijiste.

 

 

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