martes, 2 de enero de 2024


 

CAMILLO SBARBARO

 


 

Ahora que has venido

 

Ahora que has venido,
que con paso de danza has entrado
en mi vida
como una ráfaga en una estancia cerrada —
para celebrarte, bien tan esperado,
las palabras me faltan y la voz
y callarme junto a ti ya me basta.

El gorjeo que ensordece el bosque
al nacer el alba, enmudece
cuando sobre el horizonte salta el sol.

Pero a ti mi inquietud buscaba
cuando, de muchacho,
en la noche de verano me asomaba
a la ventana como sofocado:
porque no sabía, me palpitaba el corazón.
Y todas tuyas son las palabras
que, como el agua que rebosa en el borde,
a la boca venían, solas,

las horas desiertas, cuando se adelantaban
puerilmente mis labios de hombre
por sí mismos, por deseo de besar…

 

Versión del italiano de Carlos Vitale.

 

 

ALAÍDE FOPPA

 

 

 

Ella y el tiempo

 

Medido
en el ritmo presuroso o calmo
de su suspiro,
en el fluir de su sangre perenne,
en su parpadear silencioso,
en el orden de su sueño,
en su desvelo,
en su larga espera,
en sus vagos recuerdos,
el tiempo
invisible río,
la arrastra sin defensa
a un mar desconocido.

Para verse un instante
en el claro lago de la felicidad,
quiso detener su curso,
mas la corriente se llevaba
la desvanecida imagen.
Y no hay para ella
un agua quieta
donde hallar de nuevo
el candor de su rostro infantil,
el esplendor de su mirada joven,
reflejados un día
en espejos empañados.
Turbia corriente,
el tiempo
lo confundió todo.

¿Quién dijo
que es breve la vida?
Si nunca acaba,
si cada hora
es apenas una lenta gota,
y es tan largo el día
que hasta le cabe la muerte.
¿Quién dijo que es larga la vida?
Si es tan breve,
tan estrecha,
tan incompleta y fugitiva,
que no le cabe casi nada
de todo lo esperado.

Era tan extraño su tiempo,
que ella vivía sin presente,
adormilada
en confusas memorias,
o perdida
en vagos ensueños,
en hábiles y acariciantes fantasías
en las que no creía.
Sólo sobre su piel pasaba
ese presente vacío.
Como un animalito paciente,
se anidaba
cerca de sus ojos,
en la comisura
levemente amarga
de sus labios,
consumiéndola
sin que se diera cuenta.

Pero alguna vez
se vistió de esperanza
el tiempo.
Levantada entonces
sobre su incierto presente,
ella vivió en la aurora
por un momento.

 

JIAO TONG

 

 

 

Cama matrimonial

 

Los sueños son tan cortos
la noche tan larga
me abrazo a mí mismo
practicando la intimidad
armándome de suficiente valor para una noche que será lenta e infinita
duermo en esta cama matrimonial
pensando siempre en que se siente tan apretada
la soledad ha ocupado una superficie demasiado grande

 

Versión al español de Omar Pérez Rizo.

 

SANDRA BEASLEY

 

 

 

Tú eras tú

 

Soñé que estábamos en tu bar favorito:
Tú eras tú, yo era la rockola.
Puse a Sam Cooke para ti,
pero no volteaste ni una vez.
Quise bailar. Quise un whisky.
Y quise que quitaras tu mano de ella.
Llevabas tu mejor sonrisa
y la camisa que hace que tus ojos sean verdes.
Si me lo hubieras preguntado, te habría dicho
que su cabello parecía de plástico.
Pero entonces, mi boca era de plástico.
Pesaba 300 libras.
Brillaba como en 1972.
Un hombre intentó seducirme con monedas,
pero pude oír su camioneta afuera,
aún encendida. Yo era leal a ti.
Puse a Aretha, Marvin, al Reverendo Al.
Tú la besaste todo el camino hacia la salida.
Más tarde, intenté hacer mi propia música,
tarareando una pista contra otra,
moviendo la aguja arriba y abajo.
Cantaban en mi sangre las burbujas .
Por la mañana, vinieron a repararme.

 

Versión de Yéred Cosío Martínez

 

MARÍA PAZ GUERRERO

 


 

 

LAS ESTRELLAS ME AYUDARON a entender que
cuando algo va mal
estrepitoso
con el piso hacia abajo:
un dos tres cuatro
paseíllo
punta-tacón-golpe-golpe
rastrillo
de lomo
crujiente.

Ajusta la espalda, mete la pelvis
punta tacón
hasta que baje al cuerpo
fuerza en el centro, siempre.
Amplía la envergadura, cual ramillete.
Se empieza por debajo: se prosigue si desciende.
Encuentra el lugar del abajo, el límite de lo por debajo, la cresta del hacia abajo.
Ordenar el camino punta tacón compás rastrillo
y los brazos hasta los cachos.

 

CAMILA RÍOS ARMAS

 

 

 

El yo; el otro

 

No hay cuerpos en la noche húmeda de ausencia.
Ni ojos atravesando el ruido que nos separa.

;
Enlazo lo paralelo de nuestros mundos sin que los nudos se rocen.
La espera deja de ser la causa para ser el fin.

;
La cuerda por la cual cruzar la oscuridad paraliza el miedo.
Desgarro cada centímetro de tu duda.

;
Le tengo fobia a los pozos, a la negra angustia de lo incierto.
Sé que el encuentro de nuestras manos sellará el temor que habitamos.