sábado, 25 de noviembre de 2023


 

EUTIQUIO LEAL

 


 

Oquedad

 

No asentarse primero
en ningún lino,
ni siquiera en el ala muy coqueta
de la rosa,
que era la fosa de antes.

No sentirse seguro
en una hoguera ni en un trono
que no hayan sido la palabra siempre
de los meandros estelares
en el pecho tatuado.

Sólo hay el tránsito infinito
donde existir en pleno
con todos vuestros versos y huracanes.

 

 

HUGO JAMIOY JUAGIBIOY

 

 

 

No somos gente

 

No somos gente de mundo ajeno
con anhelo de seguir viviendo;
no somos gente de territorio
de quienes mañana se escuche hablar
que nosotros fuimos.
No somos pueblo venido de otros lugares,
nuestras raíces son de aquí.
Somos árbol-hombre, somos gente, somos pueblo,
nacidos del fondo de la tierra,
árboles caminando por el lugar
heredado de nuestros taitas,
gente cuidando la armonía y equilibrio natural,
pueblo construyendo la casa
para que nuestros hijos
vivan felices y de manera natural.

 

FEDERICO CÓNDOR

 

 

 

Tienda

 

Vivir en el país de los errores,
de los errores muertos para siempre,
es navegar el miedo en el camino a la tienda,
bajarse a sorbos largos la aspirina de la luna,
tantear la muerte de regreso a casa
y pensar en los muertos
en los que estuvieron vivos
por error en el lugar equivocado.
Nadie ha vuelto de la tienda,
lo dicen las noticias,
se han ido por el aire buscando las balas perdidas
o las mortajas de las nubes
para pintarle un cielo a los sueños.
Hay quienes dicen
que los han visto en el recuerdo.
Mentiras,
nadie volverá de la tienda.
Lo sabe la nena del almanaque
con sus tetas fúnebres festivas
apuntando al más allá.

 

FERNANDA MARTÍNEZ VARELA

 

 

 

 

no palmotearán tu espalda
ni las muchachas te darán tantán
en las nalgas te suda una yegua de campo
usada al arar en mitad del verano sobre la línea
del ecuador. Antes de que atrás mires buscando
tu ribete del lingote de metal. Tu brusco tesoro
que si tocas como golpeando puertas puede
que salgas a abrir y te digas bienvenida eres
a tus anchas largas.
Pero antes, mucho antes
de lucir un pensamiento en el capó saltando
a un parabrisas como quien a dios extraña
date cuenta que hace rato la belleza
se te sienta en las rodillas
y no te deja de mirar

 

RUTH LLANA

 

  

 

a

 

Fue necesario reescribir el origen del tiempo para saber que el tiempo podía ser medido, así como fue necesario reescribir el lenguaje para saber que el lenguaje podía ser escrito pero no medido pero no pintado pero no dicho. Fue necesario para mí como no fue necesario para otra reescribir las partes del cuerpo que eran necesarias para la supervivencia de los caracoles y las plantas; pero pronto me di cuenta de que ninguna estaba ni era obligada por lo que se me hizo prescindible reescribir las partes del cuerpo que no eran necesarias para la supervivencia. Pues la supervivencia lo era todo en esta época de mi vida pues la supervivencia lo era todo en cualquier época de mi vida. Supervivir es una forma de vivencia por encima de las cosas (o cómo nos atraen hasta ellas). Hay una fábula sobre el movimiento de los planetas y eso me dejó en maravilla, pues hubo una misma fábula del movimiento de los músculos de la espalda, pues hubo una fábula sobre la electricidad que recorre los campos en día de tormenta. Y cómo todo ello se asemejaba a la posibilidad de los cuerpos explotando cuando desnudos sobre la hierba mojada o cómo me fue necesario y obligatorio (por un imperativo superior y externo) destrozar el lenguaje tomar una a una las palabras y deshojarlas como margaritas (sentir su pulso en la piel de los dedos) tomar una a una palabras y deshojarlas como margaritas a través de su repetición a través de sus letras (una a una todo el abecedario incluso letras que no figuran en los archivos) una a una perdiendo todo en el movimiento de la boca pues primero me fue obligado decirlas y así fue como recuperé el habla así fue el lenguaje: brotar tierno entre las plantas entre los caracoles, como partes de un cuerpo tomándose a sí mismas, así fue brotar  Y coincidió todo ello con la primavera pero “no es casualidad”, me dije, y claro que no lo era pues había sido bendecida bajo los cerezos en flor y alguien besó mi frente y alguien borró mi memoria dándome la del abuelo durante esos segundos en que no fui capaz de recordar una gramaticalidad una lectura una frase una manera de archivo de todas las letras o los caminitos de cómo encontré lo que buscaba pues, al final, cerezos en flor, sí, alguien besó mi frente, sí, “toda fragilidad esconde una fuerza”, sí.

 

De: “La primavera del saguaro”

 

MÓNICA BRAUN

 

 

 

Estancia en Nueva York

 

Nos topamos de frente con la mujer más hermosa del mundo
y quedamos sin palabras.
Una mujer de madera suavísima; una mujer sin sombra.
Blancos sus ojos y los ojos de corales
atados a su pie firme y esbelto como un árbol.
Una mujer de labios imposibles,
para no ser besados jamás.

Sus ojos andaban perdidos en la tela.
Ah. Su breve respiración, sus ojos perfectos.
El color de su piel, susurramos. Es una diosa, me dijiste,
y la hermosura estaba en tu mirada.
Besé tus ojos llenos para siempre de ocres y naranjas:
toda la sangre de África llenó con su rumor nuestros oídos.

Con esa mujer hubiera podido contemplarte:
abrir para ti sus piernas y su boca,
sin más ruido que el de sus huesos blandamente tendidos en la cama
verte penetrarla con lentitud de paloma que cae en un inverso nacimiento.

Ni lo imagines, dijiste como quien escucha una blasfemia.
Esa noche nos amamos como dos bestias fugaces.