"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 4 de febrero de 2024
CARLOS SUBIRÁ
De qué se trata
Se
trata de seguir en esta brecha,
de
dar lo que no tengo a quien lo pida;
se
trata de que estoy, hasta la fecha,
huyendo
de mi abismo en estampida.
Se
trata de tratar que la maltrecha
memoria
no consiga abrir la herida;
se
trata de arrancar la misma flecha
del
mismo corazón en donde anida.
Se
trata de morder la paradoja,
de
hablar igual que el viento que murmura,
de
arder si al sentimiento se le antoja.
Se
trata de negar que el tiempo pasa,
de
alzar mi pobre voz, mientras apura
la
noche los cimientos de mi casa.
JOHN KEATS
Oda sobre un ánfora griega
I
Tú,
novia intacta aún del silencio, adoptiva
hija del lento tiempo y de la paz en calma,
silvestre historiadora, que así puedes contar
un relato florido más dulce que mis versos,
¿qué cuento enguirnaldado de hojas tu forma anima
con dioses o mortales, o unos y otros, en Tempe
o en los valles de Arcadia? ¿Qué hombres o dioses son
éstos? ¿y qué doncellas esquivas? ¿Y qué loco
perseguir? ¿Y qué lucha para escapar? ¿Qué son
estas flautas y sistros? ¿Y este éxtasis tan loco?
II
La
melodía oída es dulce, pero más
dulces son las no oídas; sonad, pues, suaves flautas,
no al oído sensual, sino, más apreciadas,
tocad para el espíritu melodías sin tonos;
bello joven, entre árboles, nunca puedes dejar
tu canto, y nunca pueden perder su hoja los árboles;
osado Enamorado, nunca podrás besar,
aunque casi en la meta, pero no lo lamentes;
ella no se ajará aunque sigas sin dicha;
siempre has de amarla, y ella siempre seguirá bella.
III
Felices
ramas, nunca se podrán desprender
de vosotras las hojas, en primavera siempre;
y, feliz melodista, incansable, sin fin
entonando en tu flauta siempre nuevas canciones:
¡aún más feliz amor, amor aún más feliz,
siempre cálido, y siempre de su gozo en espera;
jadeando sin tregua y para siempre joven;
todos hacia la altura su pasión exhalando,
que deja el corazón de alta pena atascado,
con una frente ardiente y una lengua reseca!
IV
¿Quiénes
son los que vienen al sacrificio? ¿A cuál
verde altar, sacerdote misterioso, conduces
la ternera que muge hacia el cielo, adornados
con guirnaldas sus flancos sedeños? ¿Qué pequeña
ciudad junto a la orilla del mar o junto a un río,
o alzada, con pacífica ciudadela, en un monte,
se vació de su gente esta piadosa aurora?
Tú, pequeña ciudad; tus calles para siempre
estarán silenciosas, y ni un alma que cuente
por qué estás desolada, puede volver jamás.
V
¡Ática
forma! ¡Hermosas actitudes! De raza
marmórea, de doncellas y de hombres rebosante,
con sus ramas del bosque y sus juncos hollados;
tú, forma silenciosa, del pensar nos arrancas,
como la eternidad: ¡oh fría pastoral!
Cuando la vejez gaste esta generación
tú quedarás entre otros dolores que los nuestros,
amiga de los hombres, diciéndoles: «Belleza
es verdad, y verdad es belleza»: tan sólo
sabéis eso en la tierra, sin necesitar más.
Versión de José María
Valverde
YURI SOTELO ORTIZ
Ausente
No
puedo fingir, pues, aunque sonría,
la
ausencia de vida pronto me delata.
Nada
soy, no existo, tu silencio me ata
al
más miserable y sombrío día.
Atado
al ayer, la melancolía
en
mi corazón un morir desata,
la
doble apariencia que el pincel retrata,
la
luz que carece de toda alegría.
Y,
en esta mentira, mi vida resiste
esta
soledad de la que aprendí
que,
aunque sigo vivo, mi alma ya no existe.
Los
días se van, yo me quedo aquí
dormido
en el tiempo y en tu rostro triste,
y
en esta condena de vivir sin ti.
RODOLFO SERRANO
El corazón de los otros
Nunca
envidies el triunfo de los otros.
La
gloria, si es ajena, no te quita
la
sed de la conquista y la batalla.
No
persigas jamás a tu enemigo.
El
odio es un camino sin retorno.
Si
amas, nunca esperes que te amen
con
la misma pasión, pues todo es nada.
Y
la vida es un paso entre dos luces
donde
el amor nunca iguala a los amantes.
Cuando
busques la paz nunca prepares
la
guerra, aunque muchos lo aconsejen.
Pues
la batalla la ganan las espadas
y
la razón siempre cae ante la fuerza.
Recuerda
que los vinos emborrachan
en
soledad, por eso busca siempre
al
amigo que bebe sin preguntas
y
al camarero que invite a la penúltima.
Oculta
tu saber, nunca presumas
de
conocerlo todo, siempre hay alguien
que
se puede aprender la enciclopedia.
Los
datos nada valen por sí mismos.
Y
échate a temblar si alguien te llama
maestro.
No está lejano el tiempo
en
que se ría de ti a tus espaldas
y
hasta diga que le plagias sus escritos.
Elige
con cuidado a tus amigos.
Y
llora, sin vergüenza, por su ausencia.
Que
el dolor, siempre injusto, de los niños
eterna,
eternamente nos persiga.
Y
que el recuerdo, el fin de lo que fuimos,
quede
en el corazón de nuestro hermano.
CAMILA RÍOS ARMAS
Equivocados
los que piensan
que la arena no es un buen cimiento
Basta
subir a estas dunas
para
querer construir
sobre lo movedizo
la
certeza.
De: “A una llama del lugar”
RAQUEL RAMÍREZ DE ARELLANO
La chica de la motosierra
La
chica de la motosierra sale de mañana y pasea despacio
los coches a la derecha
los árboles a la izquierda
Brota
del agujero del amor con la empuñadura de su arma sobre la espalda
y sonríe a los mirlos
y da los buenos días a las espigas
La
chica de la motosierra
pasea desde la orilla de sus años en busca de la silla de la esperanza
el motor en silencio
el acelerador hacia atrás
Hinca
sus rodillas en el suelo solo tres o cuatro segundos
e implora al cielo que le aflojen las pinzas de la ropa
implora al cielo para que su cuerpo caiga lánguido
sobre el agua de algún mar lejano
implora al cielo que se encienda una luz
La
chica de la motosierra
es solo un espejismo frágil y delicado
que se asoma por tu espejo retrovisor izquierdo
cuando detienes la marcha en un paso para cigüeñas
La
he mirado como la que se mira hace solo seis años
y he sonreído
como la que sonríe dos veces en la misma semana a una promesa
La
chica de la motosierra
ha pelado muchas patatas para el comienzo del año
y en su dedo pulgar
esconde los chispazos del cuchillo contra la piel
el escozor
el cansancio de las comas
la olla a presión de una condena
La
chica de la motosierra no tenía una motosierra
no tenía ni siquiera un cactus
no tenía nada entre sus manos
nada distinto a un paraguas cerrado en un día de sol
y solo piensa
qué rápido se transforma el tiempo
a qué velocidad pasan las horas
y detrás de todos esos minutos siempre se encuentra escondida en
forma circular
la palabra fin
y el segmento muerte.
De: “La cesta del lobo”
