Ausente
No
puedo fingir, pues, aunque sonría,
la
ausencia de vida pronto me delata.
Nada
soy, no existo, tu silencio me ata
al
más miserable y sombrío día.
Atado
al ayer, la melancolía
en
mi corazón un morir desata,
la
doble apariencia que el pincel retrata,
la
luz que carece de toda alegría.
Y,
en esta mentira, mi vida resiste
esta
soledad de la que aprendí
que,
aunque sigo vivo, mi alma ya no existe.
Los
días se van, yo me quedo aquí
dormido
en el tiempo y en tu rostro triste,
y
en esta condena de vivir sin ti.
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