jueves, 21 de febrero de 2013

ESTELA FIGUEROA






El nunca



Nunca tuve un amado
que hiciera un largo viaje por los campos para verme.
Nunca le saqué las botas a un hombre cansado.
Nunca tuve un amado.
Nunca viví en el campo.
Pero hice de mi casa un lugar
donde brindo tierna hospitalidad a las plantas y los
animales.
Nunca supe qué me quieren decir los ojos de un
hombre
cuando me dice que me quiere.
Pero conozco muy bien la mirada de mi perro.


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