Sobre
la misteriosa aparición de las figuras geométricas
La
naturaleza de la naturaleza es la copia.
Buscar un igual en uno, pero no idéntico. Replicar.
Dar una respuesta que no podría ser (otra).
Un día el mundo pensó otros mundos,
mundos más pequeños en los que solo habitarían nombres.
Prismas. Polítopos que se aparean en la luz y que se multiplican como rayos.
El mundo se copió exacto en infinitud de sueños.
Se copió —en las piedras, en las conchas, detrás de los párpados,
en cada pliegue del futuro, en las migraciones, en las próximas vidas—
lo que seremos un día debajo del azufre.
Una
figura geométrica es un conjunto no vacío cuyos elementos son puntos.
Pequeños mundos no vacíos, llenos de pequeñas nadas.
El iris de los ojos comparte los mismos materiales que una gema partida en dos,
que el cuerpo de un pescado partido en dos,
que el fémur de un elefante partido en dos,
que el veneno de los seres más amados,
que la carne entregada por primera vez,
que el rezo a los dioses en los que yo no creo,
que el momento en que se jaló el gatillo,
que el grito cuando el cuerpo se abandona.
“Todo
hombre en ∅ es
inmortal”
Una figura geométrica es un lugar donde no hay muerte
y hay lagartos que solfean.
También
la palabra es una figura geométrica.
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