Autorretrato
2021
Soy
una mujer redonda
de curvas acentuadas.
Hoy
la señora de la tienda me dijo que,
de joven,
seguro tuve un buen cuerpo.
No
sé por qué las últimas dos señoras de las tiendas,
de las dos últimas colonias donde he vivido,
en dos países diferentes,
me juzgan con tanto derecho
como si me hubieran dado a luz.
“Todavía
tengo buen cuerpo”,
pensé para mí misma.
Señora,
si yo le contara
lo que este pedazo de carne, músculos y huesos ha atravesado
se asombraría.
Dos
veces fui cortada en siete capas
para sacarme a dos bebés cholotones
y temperamentales,
sobreviví a la tortura psicológica de mi exconsorte
sin terminar en un manicomio
y logré escapar
de donde muchas no lo logran.
Con prodigiosa ayuda,
por supuesto.
Escapé
por segunda vez
de otro infierno
con nombre de linaje
y me siento capaz de moverme de todos los lugares
donde mis hijos y yo estemos en peligro
o no seamos bien recibidos.
Usted
también ha sufrido, señora,
y ha gozado.
Ninguna
de las dos es más que nadie.
Pero debería de cuidar más sus palabras.
No
tuve un buen cuerpo,
lo tengo.
Mi cuerpo está vivo,
soporta a diario la angustia de ser persona,
es capaz de no quebrarse de tantas veces que tengo que agacharme para cargar a
mis hijos.
Mi
cuerpo siente deseo, señora, como el suyo,
a veces hambre,
a veces abulia y,
aunque hoy no es mi cumpleaños,
mi buen cuerpo y yo
tenemos mucho que celebrar.
De:
“Más allá de la aureola marrón y núbil”
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