Colección
de enfados pequeños
Cuando
tenía cinco años le sacaba fotos mientras lloraba. No sabía consolarla, pero sabía
enfocar. Le decía: Quietita, así́ no sales movida.
Una
vez le hice una mientras hacía pis. Me pidió́ papel. Respondí: Espera, que
esto es irrepetible. Otra vez se duchaba con calcetines y gritaba que el
agua quemaba. Le saqué dos. No era maldad, era amor. A veces las miro, para
recordar que existió́ ese tiempo en el que la felicidad se me escapaba entre
los dedos. Como la luz del flash: breve, bruta, irrepetible.
De:
“Pan recién horneado bajo el brazo”
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