A
solas
Me
aplaca del campestre cementerio
por las sendas perderme, intransitadas,
oyendo de la brisa en las cañadas
el antiguo, monótono salterio.
¡Qué
voces, de las lindes del misterio,
devuelven el rumor de mis pisadas!
¡Cuántas augustas sombras adoradas
tienen aquí su indisputado imperio!
Ah!
no es esto morir! la vida es ésta!
Aquí es bello el dolor, sentido en calma,
cual nublado que el sol tiñe a su puesta;
Aquí,
con Dios y mi esperanza a solas,
siento subir a dilatarme el alma
de la vecina eternidad las olas.
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