jueves, 25 de junio de 2026

ÁNGEL GAZTELU

 

 

 

Romance y elegía

-la poca flor de mi vida…
José Martí.

  

La niña subió a la torre
-palma de su pensamiento-,
toda encendida y resuelta
en viva pasión de vuelo.

A sus solas con las olas
por el mar de su deseo,
piensa que es proa la torre
enfilada a los luceros.

Por toda su frente cruzan
raudos pájaros de fuego
y secretas lenguas de oro
minan la flor de su pecho.

Cómo viaja con la torre
su flor alta por el cielo…
Más que la flor y la torre,
más vivo y agudo el sueño.

Una vehemente espina
le buscó la flor del pecho.
-Nadie vio cómo apartarla:
todo el pueblo estaba ciego-.

Peces de plata circulan,
golpeando sus pechos trémulos:
mil pájaros por la torre
de sus altos pensamientos.

Sus cabellos que relumbran
encandilan los vencejos;
los vencejos que en la tarde
apresuran los luceros.

A las siete de la tarde,
cuando el mar agranda el cielo,
cuando entreabren los crepúsculos
ventanas de espuma al sueño,

cuando en los parques los niños
fijan sus últimos ecos,
de la torre una paloma
salía nevando el viento.

Cómo relumbró la torre
con los halos de aquel vuelo,
que le llevaba la vida
con la mucha flor del sueño.

Las campanas se quebraron,
se pararon los vencejos;
una bandada de grullas
su nombre hilaba en los cielos.

La niña murió de amor.
Hilos de plata sus dedos,
se hundieron como raíces,
buscando su flor de fuego.

Aires tejieron cendales,
lirios sus rasos tejieron,
tiernas coronas de nardos
trenzaron por sus cabellos.

La luna que aparecía
por los vecinos oteros
le puso un cojín de plata
para su frente y su sueño.

Una caja de cristal
le bajaron de los cielos:
cuatro ángeles la llevaban
a enterrarla en un lucero.

La torre se hundió en la noche,
cerró el crepúsculo el cielo,
brillaron más las estrellas…
Nada de esto supo el pueblo.

 

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