viernes, 26 de junio de 2026

PAULA F. LUPIÁÑEZ

 


 

Cuarto peldaño

  

Hoy el brazo me escupió́ al pasar la cuchilla.
No supe si fue el jabón o la orden mal dada.
Mi cuerpo ya no firma la paz con su proyecto.
Últimamente fallo. Camino sin saber
si yo dije «camina». Hay gestos que se mueren
antes de ser del todo.

El aire no me sigue cuando pelo cebollas.
Las yemas, como párpados, bajan su cortinilla.

Subo la escalera, la duda me sostiene.
Al cuarto peldaño algo me dice «quieto».
No sé si es el tobillo, la médula, o el siglo.

Ayer me miré en la ducha como quien se registra.
La sombra no faltaba, la piel seguía su curso.
La toalla estirada parecía una bandera

como una patria perdida en su derrota.
Desde el salón cantaba su voz algo en inglés.

And if I should falter
Would you open your arms out to me?

Me partió́ por la mitad.
Le pregunté a la estufa si notaba el invierno.
Guardó su protocolo, no dijo, no sabia.
Me da miedo pensar que al mover los dos brazos
no ocurra lo esperado. Hay quien gime su fiebre
como un reclamo para ser oído.
Yo prefiero el sigilo: lavar sin que me vean,
comer sin hacer bulto, que nadie se dé cuenta
de cuando empezó́ el fracaso
a roerme los huecos.

 

De: “Pan recién horneado bajo el brazo”

 

 

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