Paisaje
Ventana,
a la luz lanzas
tus brazos, abres tus hojas,
como un pájaro sus alas
y haces la estancia sonora.
Traes
las voces de la calle,
los ruidos de los pasos,
los perfumes vegetales:
ese
cotidiano río
de los cabeceantes carros
y los salomónicos gritos
de los pregones frutales.
Te
entregas también ventana
a las verónicas del aire,
con las familiares telas
tendidas en las solanas,
-oh polícromo oleaje-.
Allá,
a lo lejos, un árbol
derrama su alzada copa
sobre los rojos tejados:
flechando su fresca fronda
llegan azorados pájaros.
Allá
una aérea espadaña
fija su aguja de piedra,
donde tenue luz morada
quiebra el perfil de la tarde.
Desde la esquila lejana
llueve -sombra y sueño- el ángel.
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