El
loro
La
voz del loro estalla—
Inútil contradecir—
Lo que dice, lo dirá de nuevo:
Hechos secos, como galletas—
Su voz y los vivos colores
De su pecho y sus alas
Son inmemorialmente antiguos;
Viejas damas vestidas de satén rizado
Encerradas en sus estancias
Como especímenes bajo un cristal,
Intactas—y sin cambiar jamás,
Con la memoria de emociones muertas;
El ardor de sus veranos
Rociado como alcanfor
Sobre sus parasoles de seda,
Guardados en un armario.
Reflexivo,
pero sin un pensamiento nuevo,
El loro se balancea en su percha de marfil—
Luego, con gravedad, da una voltereta
A través de anillas clavadas en el techo—
Como el sol ejecuta sus juegos
Mientras asciende por el puente aéreo
Que apenas vemos
A través de prismas de cristal en la lluvia que cae.
No hay comentarios:
Publicar un comentario