Taller de ausencias
A mi
tío Paco, in memoriam.
Una
ausencia tallada en la piel
de
la página que no leerás jamás.
Un
mirarse en el otro y compartir
la
pasión y el requiebro que ahoga
el
guiñapo soberbio de la cultura.
“Ahora
entiendo a Kant”, dijiste
y
complacido escribí un poema
ya
escrito por Robert Nye.
Quedó
visto para sentencia el acuerdo
de
vivir vida de filósofos
como
si otra vida hubiese podido ser vivida.
Ahora
ya que tus sueños quedaron rotos
nosotros
mudamos la piel
y
las páginas no esperan
el
contacto de tus dedos nicotínicos
pues
son pasto del recuerdo
de
tu recuerdo diferenciado.
…………………………………
La
vida es un taller
un
taller de ausencias,
donde
la memoria repara
(con
engaños)
la
presencia de los ya idos
y trama
en su telar
el
olvido de los nombres.
……………………………………………………………………..
Se
van gastando algunos sueños de puro viejos
o
también, casi siempre, de no intentarlos,
y el
alma anquilosada de cansancio
como
una alquimia de deseo riguroso donde vetustos terciopelos
y
algún poema arrepentido se reúnen.
Todas
las ausencias, bajo el vértigo del pensamiento,
carecen
de nombre,
y la
inercia del tiempo
no
posa sobre ellas su mirada.
Mirada
cuya duración mide
el
final de estos versos.
De: “Taller de ausencias”
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