Epílogo
No abandonaré mi huella
sobre la dermis del agua.
El cielo estaba sereno.
Y la campana del pueblo
sonaba bajo los puentes,
dentro de los maizales.
No dejaré nunca sola
mi huella casi borrada.
Recuerdo la luz severa
sobre los tilos.
Recuerdo la luz intensa
sobre
los álamos.
No dejaré nunca sola,
extenuada en la nieve,
mi huella.
Dos pasos o dos palabras,
apenas,
vestigio de mi camino,
como dos zarpas de tigre
en el espejo de Osiris:
“Frío”.
“Caliente”.
La ceremonia parece tener fin.
De: “La
ceremonia del té”
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