martes, 24 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 

 

 

Tarareo marchas fúnebres
mientras te duermes en mis brazos.

Primero el pie izquierdo —chan—, luego el otro
—chan-chan—.

Primero un párpado —chan—, luego.

Estás dormida y a la vez despierta.

Entre este cuerpo que te sujeta
y la cuna existe un vacío:

el día y la noche
un tránsito de incertidumbre
como el paso fronterizo
en una zona de guerra.

Es ahí, justo ahí,
en ese metro y medio escaso,
donde hierven ahora todos los poemas.

 

De: “Las ganas de comer Oreo”

 

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