Mate,
dios de la libertad
La
muerte mastica la savia
desde el tiempo de los obrajes,
oscureciendo los arroyos
y los designios ancestrales
donde los dioses de la selva
se fueron transformando en mate.
Cuando
el hachero no regresa
de sus comarcas vegetales
la bruma se vuelve plegaria
hundiéndose en las soledades,
cebado rito de la espera
llorando en azules enjambres.
Yerba
de luz y sueños blancos
de las eternas libertades,
barriletes de miel y azúcar
loco tiempo de trashumantes,
sabor que borra las distancias
con aromas de antiguas tardes,
horno de barro, largas lluvias
danza de manos y de panes.
En
las prisiones olvidadas
y el exilio de Patria y sangre,
en parajes de piedra y viento
y en las marinas tempestades,
el mate es el fuego de casa
soleada caricia de madre,
callado signo en las partidas
es el vuelo inevitable.
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