329.
«El
sueño me devolvió un amigo muerto hace años, fino de mucho humor, transformado
en feroz bandido casi oriental y el rostro ornado por una temible barba que era
como una corona de atroces dientes negros. No tuve ocasión de implorarle que
recordara tiempos antiguos y más clementes. Menos mal que ciertos sueños
adversos tienen la ventaja de ser jugarreta escurridiza, pasan página muy
rápidamente», dijo una dama pequeña y delgada en cuyo sombrero de grandes alas
se habrían quizá mecido muchos recuerdos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario