martes, 24 de febrero de 2026

MANUEL ILLANES

 

 

 

Seguimos un estrecho sendero que bordeaba el precipicio e iba girando alrededor de la montaña, casi como si la abrazara, que avanzaba de manera interminable y serpenteaba entre los riscos, siempre en ascenso, hasta culminar en una explanada repleta de grandes piedras labradas extrañamente. Habíamos llegado con la respiración entrecortada a la cima. Llovía con intensidad, estábamos completamente empapados.

Hubo unos minutos de silencio, en los que adoramos el cielo cubierto, apostados en el Inti Huatana.

 

De: “Las puertas del Edén

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