Algunos
miedos
Hay
muchas cosas que te dan miedo no
que
se vaya la luz
no
un trueno
pero
sí el rayo
no
un fantasma
pero
sí su nombre
porque
cuando las cosas tienen nombre existen
pesan
y deambulan.
A
veces, incluso tienen un pasado
y
ese tiempo superado es tiempo ignoto aunque
finjas
leerlo en manuales de historia aunque creas
haber
estado allí.
Ese
tiempo pasado se olvida
como
se olvida el color de las olas en retirada como
se
olvida el sonido de las hojas al moverse
como
se olvida la última sonrisa de una vida antigua.
Cuesta
trabajo el recuerdo
quebrado
fracturado
en imágenes que se agolpan y
ocupan
espacio
que
se atascan
como
se atascan las risas y el llanto (llanto
singular,
risas plural)
eso
también da miedo.
Miedos
reales e irreales, dicen los expertos:
miedos
con nombre propio y otros incluso con número de DNI.
Estos
últimos
aún
no los puedes clasificar
porque
parecían irreales hasta hacerse corpóreos
porque
un documento nacional de identidad es un rectángulo de plástico y de
repente
puede convertirse en alguien con nombre y apellidos alguien que sonríe
y
saluda
alguien
con ideas de futuro-proyectos-cerveza fresquita los viernes.
Lo
que da más miedo
cuando
se hace real
es
que sonría.
pues
al mirar de frente una sonrisa confías sin pensarlo mucho
-truco
manoseado sonrisa
trampa-
cuando
tienes las ventanas abiertas y
la
puerta sin la llave puesta
es
cuando esa sonrisa se fosiliza te
mastica
y escupe
te
pisotea y escupe.
De:
“Miedo”
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