Meteoritos
Un
hombre fue cierta vez
al firmamento
a pintarlo con sus pensamientos
mezclados con el resplandor de las estrellas.
Poco
después, sediento, exhausto, rígido
por el asombro y el terror
ante la realidad del infinito,
trató de retornar y algunas veces
lo vemos vanamente transformado
pues aquel magno esfuerzo convirtió su cuerpo,
hecho ya mole en el espacio,
en enormes e innúmeras partículas
de algún ígneo metal no planetario.
De
cuando en cuando asoma su rauda pincelada
cual velocísimo trasgo
por entre los resquicios
que permite el inmenso andamiaje de la noche.
Cada
período, quién sabrá de cuantos años o milenios,
logra llegar hasta nosotros
algún retazo de aquel fantasma suyo
tan al azar diseminado,
y espanta toda vida en su contorno
dejándole al planeta
una redonda cicatriz, y al centro,
como costras del tiempo,
qué pesados fragmentos, esos bólidos ya quietos,
fríos, negros, herméticos y mágicos.
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