Guerra
y paz
Quito
el polvo de habitaciones y muebles,
de la sábila y de los libros.
¿Para qué limpiarlo?
Volverá pronto a recobrar sus sitios,
el polvo que es la tierra, la tierra que es roca,
la roca sólida que se transmuta.
Aquí, donde van y vienen disparos,
matadero de veinte guerras simultáneas,
recibo el pan fresco del día,
la fruta recién cortada,
lo álgido del café,
el cuerpo de un hombre.
Se está cayendo a pedazos todo, allá afuera.
A veces cuesta dormir, conciliar imágenes
de migración y destierro.
Sin embargo recibo el ritmo de otra sangre,
su pulso de silencio enamorado,
su gestión de perfectos pormenores.
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