jueves, 28 de mayo de 2026

OSBERT SITWELL

 


 

Babel

  

Por eso su nombre fue Babel.
Y aún permanecíamos mirando
Hacia aquella ciudad de brasas
Que cada golpe del destino
Había reducido a su base.

Demasiado tarde llegó la serenidad.
Casas rotas contemplan
El laberinto infestado de ratas
Que una vez elevó neblinas rosadas
Hacia la eternidad.

Los contornos, antaño firmes,
Son ahora pensamiento o burla
Para los muertos que lucharon…
Cimientos de un futuro.

Las arenas donde jugaban niños
Son desoladas, temerosas
De la oscura humanidad de la noche,
Que rehace a los muertos con su frescor
Y no culpa a nadie
Por el fuego, el plomo y la ruina
Que cayó sobre nosotros.

Cuando todo lo bueno que conocimos
Cedió ante el torrente del mal,
Y mitos monstruosos de hierro y sangre
Oscurecieron la claridad de Dios.

Hundida en pecado, esta estrella trágica
Se hunde más, y lucha contra sí misma,
Sembrando los mares de víctimas
De una enfermedad del mundo.

Y nos deja beber
Las heces de la terrible profecía de Babel.

 

 

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