Babel
Por
eso su nombre fue Babel.
Y aún permanecíamos mirando
Hacia aquella ciudad de brasas
Que cada golpe del destino
Había reducido a su base.
Demasiado
tarde llegó la serenidad.
Casas rotas contemplan
El laberinto infestado de ratas
Que una vez elevó neblinas rosadas
Hacia la eternidad.
Los
contornos, antaño firmes,
Son ahora pensamiento o burla
Para los muertos que lucharon…
Cimientos de un futuro.
Las
arenas donde jugaban niños
Son desoladas, temerosas
De la oscura humanidad de la noche,
Que rehace a los muertos con su frescor
Y no culpa a nadie
Por el fuego, el plomo y la ruina
Que cayó sobre nosotros.
Cuando
todo lo bueno que conocimos
Cedió ante el torrente del mal,
Y mitos monstruosos de hierro y sangre
Oscurecieron la claridad de Dios.
Hundida
en pecado, esta estrella trágica
Se hunde más, y lucha contra sí misma,
Sembrando los mares de víctimas
De una enfermedad del mundo.
Y
nos deja beber
Las heces de la terrible profecía de Babel.
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