La
casa en Ruinas
El
techo de mi estancia ya encalvece;
yerbas brotan en él mustias y canas;
entra turbia la luz por las ventanas;
ya la armazón se dobla y desfallece.
Ya
el huerto, exhausto de vigor, no ofrece,
sobre el bardal colgantes, sus manzanas;
do emporio fue de púrpuras y granas,
zarza y cardón sin avecillas crece.
La
casa de mi cuerpo anuncia ruinas:
ya es fuerza que hasta el polvo la destruya
la muerte en sus profundas oficinas;
Huye,
alma, pues, de la posada tuya,
hasta que al fin del tiempo, en sus colinas
Dios a propia mansión te restituya!
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