sábado, 28 de febrero de 2026

MANUEL ILLANES

 

 

 

Los españoles fueron lo suficientemente astutos para conservar ciertos restos de la arquitectura inca en el Cuzco; arrasaron los edificios, conservando sus fundamentos, con independencia de razones prácticas concretas (reutilizar el material para la construcción de sus propios templos) conscientes de que algunos lugares dentro de la ciudad poseían el prestigio de lo sagrado, prestigio que se remontaba con seguridad hasta los orígenes de la ocupación del valle por los incas, fundiéndose por tanto con el mito. Sobre estos fundamentos erigieron sus catedrales, buscando traspasar el aura sobrenatural de los primeros edificios a sus construcciones. Hábil maniobra de mercaderes; sin embargo, la majestad de las iglesias cristianas palidece frente a la perfección, a la monumentalidad de estas plataformas. El contraste es demasiado evidente. Las iglesias son meras excrecencias, se podría pensar, musgo acumulado sobre la cabeza de un jayán que yace profundamente dormido.

  

De: “Las puertas del Edén

 

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