viernes, 31 de julio de 2026

RONNY RAMÍREZ

 

 

 

La bella durmiente

A una niña que se acurrucaba y dormía a un lado de la acera

  

El sol asomaba, lento y rasante,
entre las infinitas sábanas
y la niña se plegaba
al seno de una nube
como Venus recién nacida
en un lecho de blancas rompientes.
Yo iba apresurado,
impelido por el viento largo y frío,
cuando me volví sobre la pequeña diosa,
tendida y regocijada en su sueño.
Soñaba, quizás, sin advertir
a los íncubos y roedores que se escabullían
en su sombra,
sin sospechar del sátiro que resoplaba
y seguía su rastro.
Apenas pude entrever
cuán apacible se hallaba entre sus velos,
cobijada, la princesa,
por edredones de islas mágicas y remotas.
Las pisadas raudas y errantes
que cruzaban de cerca
debían tener pluma de ángel,
el humo que ascendía y rondaba
el ámbito del cielo
debía tener el aroma de un buen desayuno,
porque la niña se acurrucaba y sonreía
como si aguardara un regalo.
Pero no era un príncipe quien se acercaba,
sino un animal hambriento.
En pleno bullicio de la calle,
el mundo que se sacudía y despertaba
no tenía el hechizo de las viejas historias
ni del pájaro trovador.
Había furiosos carros
que no eran tirados por corceles de sedosa crin,
multitudes que carecían de brillo
para hacer de valerosos personajes,
edificios altos y lóbregos
que nada tenían que ver
con palacios o castillos.
Parecería que de aquellos cuentos dorados
solo sobrevivieron los monstruos
que jadean y se arrastran a la superficie
en busca de criaturas pequeñas y perdidas.
Yo seguía viendo a la bella durmiente
desde un autobús que estaba por partir,
y su figura me pareció de repente
la de un polluelo que se llena de hormigas.
Era un gran lienzo echado a perder,
un cuadro trágico y hermoso sin firmar,
y yo me llevaba su recuerdo
como la hoja de un árbol
que se tragaría el concreto.
Seguía amaneciendo en torno
a la pequeña diosa que se tendía sobre el abismo,
y el destello de su poder se desvanecía
como el murmullo del mar por la carretera.
La princesa que se aferraba
a su canción de cuna
como a un barquito de papel.
La niña que reía y soñaba con sábanas limpias
hasta llegara el camión de la basura.

 

De: “Condeno la noche y sus perros de caza”

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario