Un extranjero olvidó todo al escuchar el sonido del
tambor
Cada día se suicidan
126 personas en Estados Unidos de Norteamérica.
Lo
conocí poco,
suficiente
el par de ocasiones que conversó conmigo
buscando
sentirse mejor.
Creía
tener migraña por las preocupaciones que en su país
lapidaban
a su familia.
En
este país adoptivo no tenía casa,
ni
cómo pagar una renta;
logró
encontrar un grotesco cuarto con arreglo postpago para el fin de semana.
No
comía,
a su
estómago le provocaba náuseas el exhibicionista y burlesco vacío
aislado
en una vieja nevera.
No
tenía vehículo,
su
único par de zapatos
le
aconsejaban no caminar más de 5 millas
en
búsqueda de trabajo.
El
extranjero no enviaba el código del banco a su familia;
su
esposa e hijos durante 173 días aprendieron la frase:
“les
deposito mañana, hoy no tuve tiempo".
El
sábado tocaba pagar la renta
y el
extranjero decidió no estar hambriento,
no
agotarse caminando, no ser mendigo de empleos;
olvidó
la serie de números que prometió a su
familia,
regaló
Alzheimer a las cuentas por pagar
y se
despreocupó por el alojamiento.
El
extranjero se volvió ladrón.
Robó
a su novato arrendador una Smith & Wesson
que
dormía sigilosa en el cuarto vecino.
El
extranjero se confesó con ella y la enamoró con su acento.
Aprovecharon
el último día de alquiler
para
escuchar juntos el metálico sonido del tambor.
La
bestia continúa siendo una gran percusionista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario