Yo
junto con las manos, con los ojos, con las sienes
Yo
junto con las manos, con los ojos, con las sienes: siempre estoy sediento de
seres y de cosas, hambriento de verdad y hermosura;
admiro
los enlaces, las pitas invisibles, los eslabones finos, los engranajes más
profundos, las hiladuras más aéreas;
todos
los seres y cosas se me asocian en imágenes análogas como de padre a hijo, como
de sobrino a concuñado;
por
todos los senderos vienen hacia mis dedos, hacia el iris de mi corazón, veedor
y tejedor incansable, turbinero fragante;
todo
se arremolina en mi alma como un vórtice solidario, como un pozo que circula
proyectando espirales sucesivas;
convergencia
del oxígeno y del olivino, de las letras y los sentidos, de los ojos y las
almas, de los astros, las yerbas y los bueyes;
padezco
una vigilancia enorme, una haladura continua, todo lo atraigo a los bolsillos
de mis versos, al jolongo sonoro;
estoy
parado siempre, aunque me desplace, en un pozo a donde caen los seres y las
cosas como las astillas regresando al tronco;
mi
corazón crece como un frijol húmedo o un loco mamey procurando nitrógeno y
pulpa, fijeza y dulzura;
mis
brazos se alargan como ramas delirantes, tienen vocación de pulpos celestes, de
grúa devolvedora del planeta;
me
gustan las espigas balanceándose contra el viento, los caballos galopando por
las playas solitarias, el silencio azul de las praderas;
me
gustan las habitaciones extensas y altas, llenas de páginas y herramientas, de
donde salen las sustancias y los pensamientos;
ay,
tengo el dolor de los errores, de las culpas, de los tropiezos, de las caídas
donde se malogra el destino;
pero
tengo también la fe inoxidable, la pujanza del que levanta su lucero del lodo, del
que acicala sus propias ánforas;
yo
soy rápido de perdón, inválido para el rencor, conmigo puedes hablar como si
los dos ya nos hubiéramos muerto;
todo
lo junto, lo coso con la aguja de mi esperanza, con la algarabía de seres y de
cosas que canta en mi pulso;
me
gustan las cornucopias, que acumulan formas, y los relojes, que coordinan
funciones;
prefiero
la abundancia y el sistema, el desorden de la pasión y de la bondad, la
claridad griega de la inteligencia;
todo
lo junto con hambre, con sed, dentro de una extraña plenitud que desdeña lo
partidario y lo fraccionario;
soy
mílite de lo que crece hacia la luz, aunque no sepan los libros y los estatutos
responder a ese crecimiento;
me
acerco por todos los deltas del espíritu hacia el equilibrio que, como un eje
móvil, nos adhiere al horizonte!
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