martes, 28 de julio de 2026

ANDRÉS GARCÍA CERDÁN

 


 

Libélula

  

La errática canción de la libélula
traza en el aire de la tarde
un mapa.
Sobre el agua en remanso de un regato
que nace en la piscina,
entre el polvo y la hierba,
el insecto dibuja un laberinto
de vuelo.
A veces se detiene sobre una rama seca
o inquiere las orillas desbordadas
de un charco.
Se levanta a los aires
y vuelve
a explorar esa inmensidad
cuyo fondo es un cielo azul, envenenado de verano.
Destila orgullo y elocuencia,
fragilidad.
Suspendida en la nada,
en vuelos que van y vienen
sin saber muy bien desde cuándo
ni adónde
ni hacia quién,
va dejando su hilo de oro apresurado,
un polen transparente
que lo recoge todo
y que todo lo purifica.
He ido uniendo en mi cabeza

esta deriva suya,
su no estarse quieta nunca.
Lo que he encontrado al fin,
como imagen completa de este día de julio,
son los ojos sin dueño de mi madre.

 

De: “El gran amor”

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario