Meteorito
Desde
el principio
lo supimos.
Desde el principio, sin saber
aún
de dónde eras
ni desde cuándo,
tampoco cómo había sido tu nacimiento
ni a quién habría que agradecerle aquel amor
tan grande,
tan absolutamente inesperado.
Venías del final de las galaxias,
esto es,
de muy cerca, en realidad.
Venías del final de todo el tiempo,
es decir,
de apenas un instante antes.
Venías de la última floración de las almas,
es decir,
de la misma nobleza de tu madre.
De más allá de todo
y de más dentro
que ninguna otra cosa, mucho más.
De: “El
gran amor”
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