Retrato
de mi pueblo
Calles
soleadas y tristes,
empedradas y con un poco de adoquín;
se oye el cantar de telares,
y las varas de hilo tendidas al sol.
Se escuchan llantos y gritos,
y sonoras carcajadas también,
que encierran en su eco
un grande y silencioso misterio.
Es un pueblo del urdidor,
es el pueblo del tejedor:
él prepara, compone y forma su destino;
aunque lleva en su corazón
tristezas y hambre de verdad.
Su tierra es fértil y bondadosa;
da buena milpa, da buenos hijos,
y podemos sentir su dulce miel
al ver sus abejas forjar su propia historia.
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