jueves, 10 de agosto de 2023

EDUARDO SORIA

 

  

 

XVIII

 

Andábamos sueltos, sin plata, sin tiempo (quizá con zapatos) pero con noche, rebosantes de profundidades.
Pasó un búho gigante como cualquier dios que va de un mundo a otro.
Nosotros, abajo, caminando el empedrado, respirando maizales y flores caídas del chirimoyo que la crecida del arroyo convirtió en fragancia.
Siguiendo la luna
o lo que sea
o siguiendo nada.

Décadas después, el mismo peregrinar
sobre asfalto, la cubierta de un barco o el asiento de un avión.

Al acecho.

Esperando ese fulgor donde el día aún no es y la noche no se acaba

La madrugada.
Recibirla a la intemperie es el botín.
Fragantes de atavismo.

 

 

 

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