jueves, 27 de julio de 2023

YAROSLABI BAÑUELOS

 

 

 

Merienda con Virginia Woolf

No se puede pensar bien, amar bien, dormir bien,
si no se ha cenado bien.

Virginia Woolf

 

Hay mujeres que desayunan sin la ansiedad de los relojes,
coronadas por las lilas llevan a sus labios perfumados
nectarinas y frambuesas;
cenan filete de lenguado o cordero guisado con trufas y perejil,
celebran banquetes donde se deshuesan faisanes,
toman el té con galletas de jengibre,
almuerzan estofado de cerdo o salmón a las brasas.
Mujeres que riegan un jardín de tubérculos,
pasan el domingo comiendo roast beef y budines de Yorkshire,
fabrican hermosos picnics junto a estanques japoneses:
no pueden faltar las ostras, mermelada de naranja,
el vino y la cesta de pan.

Hay mujeres suplicando a la Virgen para acabar con la oscuridad
y la hambruna.

Mujeres que descuartizan conejos y alimentan a sus perros
con el olor salvaje de la sangre.
Mujeres preocupadas por la inmensidad de los cuerpos,
por las costillas ajenas.

Obesidad: esa epidemia silenciosa que oprime al mundo.

También existen muchachas sedientas que nacen en ciudades sin ríos,
que asan codornices para otras señoras
aunque solo han desmenuzado en su boca mollejas de pollo.
Mujeres que no pueden
comprar racimos de uvas o encender un fuego tierno
para cocinar sopa de garbanzo,
que nutren sus inviernos con los tamales de la esquina
porque la masa es más barata que la fruta.
Mujeres que siempre durmieron en una habitación ajena y masticaron
las migajas podridas de todos los banquetes.

 

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