Ciudad
de arena
Se
desangran las estrellas
en los jardines de Oriente
las ventanas se han quebrado
arriba ya no es celeste
en los ríos flotan ojos
las montañas ya no duermen.
Ali
Babá, confundido
en los escombros se pierde
en cada piedra encantada
más ladrones aparecen
para incendiar su turbante
y embriagarse con las mieles.
El
desierto ya sucumbe
bajo los buitres de siempre
en las calles y las plazas
los ángeles ya no crecen
sus piernas fueron cortadas
con filosos barriletes.
En
la ciudad de los vientos
llega la calma de muerte
llega el arroz con cianuro
la savia blanca, la peste
las sectas liberadoras
la libertad en papeles.
Al
pueblo de antigua magia
le irán sacando los puentes
robando sagradas prendas
de dioses y de mujeres,
con aliento petrolero
con jeringas y billetes
sobre las cruces y ruinas
resplandores de Occidente.
El
amo del mundo busca
mucho más de lo que tiene
saldrá luego por los niños
los paraísos agrestes
a deglutir la memoria
y a vomitar en las gentes
a encadenar las palomas
los templos y amaneceres.
Bagdad
ya no queda lejos
es una marca en la frente
es un lamento de arenas
y de quimeras que duelen.
La paz ya no queda cerca
los lobos por ella vienen.
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