Nada
de lo perdido volverá con la lluvia
Nada
de lo perdido volverá con la lluvia.
Las voces, los gestos de aquellos
a quienes deseábamos
y ahora son un hueco en la respiración.
Quemaduras
al bosque de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
El agua será una purificación,
pero no un regreso.
No
vuelven los objetos, ni sonidos,
ni escenas que tuvieron algún significado
o incumplieron su misión.
Tal
vez, mientras observamos absortos
la enorme pared de agua que se desploma,
pasa lo Perdido, aunque irreconocible ya.
La memoria lo ha transformado en bucólico.
¿Quién
tocaba a la puerta aquella vez?
¿Qué mano recorría los cabellos
haciendo breves surcos
y era un placer sentirla?
Sensaciones
lejanas, perdidas.
Tal
vez enfrente de nuestros ojos
todo se repite, pero gastadas las formas,
como en los aquelarres.
Quemaduras
al borde de las mesas,
en las paredes, encima de la piel.
Quemaduras en el cerebro.
Establecer
analogías con el agua
es el peligro en este país
donde nunca termina de llover.
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