El
alucinado
Vengo
de un continente alucinado
Con las alas girando en pesadillas
Y en las manos escritos de recuerdos.
Vengo
de las espinas del desierto
Con la arena pegada en las heridas
Y la duda pulsando el pensamiento
Llego
de los naufragios de un velero
Con el mar dibujado en las miradas
Y el azul de la estrella en el ensueño.
Vengo
de algún sendero introspectivo.
De riberas salobres de la angustia
Y de la oscura sonrisa del hastío.
Me
sumerjo en aquello nunca visto,
En fantasmas que visten a las noches
Y en el yo de otro yo desconocido.
Enajenado
ruedo en torbellinos,
En luchas de raíces subjetivas
Y en garras lujuriosas sin destino.
Oquedad
ululante en otros signos,
Vivo la eternidad en cada instante
Y esculco las palabras al vacío.
Hambre
de perfección, sed de infinito,
Hacia fuera, hacia dentro, en cada paso
Cruzan interrogantes mis caminos.
En
la voz de esperanzas y lamentos
-este dolor de sangre enamorada-
desata sus quimeras en el viento.
Y
así viajo en mis versos -peregrinos-
Para enlazar los sueños de la altura
Y jugar la razón en laberintos.
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