Ojos
Te
pregunto:
si
te miro
a través del vidrio
de la ventana
de tu casa
que da a la calle
más populosa de la ciudad
y otros cien
de los miles
que transitan día y noche
por tu vereda
se detienen también
a mirarte
y yo
mezclado entre todos
a pesar de que me estrujan
persisto allí,
¿podrás distinguirme?
Te
respondo:
Claro
que sí,
por supuesto;
en tal situación
tu rostro denotaría
el típico gesto
de globo que va a estallar
y tus ojos,
empecinados en mirarme,
bailarían la danza
del huevo desbocado
Respondo
a tu respuesta:
Cruel
qué cruel
eres cruel
con el hombre que te ama
y no consigue
no
consigue llegar a tí
por culpa de esa vereda
atravesada por gente
tanta gente me impide acercar
a tu ventana
ventana que siempre cierras
qué cerrada está
a mis manos
a mis ruegos
a mis ojos
a este corazón
que late
apretujado
por el gentío
¡Si has de herirme no respondas!
Respondo
no obstante:
Qué
sensible eres,
mi inocente broma
consideraste como afrenta;
no se si quererte por esto
o tomarte por un tonto.
Y ahora que
caigo en la cuenta y pienso,
¿quién eres tú?
¿cuál es tu nombre?
¿de dónde has venido?
No te conozco,
¿por qué me galanteas?
¿por quién me tomas?
¿te simpatizo?
¿por qué,
si no me conoces?
Respondo
y me enfado:
Pero,
Mimí,
¿no te acuerdas
de aquél día de febrero
en la calle Chacabuco
con un sol que rajaba,
y tú,
que subías a un taxi,
y yo,
que bajaba del mismo
y te miré
y me miraste
y te dije “hola”
y tú
“adios”
Te
respondo sin demora:
Te
equivocas, Alfonso,
yo aquel día
no salí de mi casa
me quedé leyendo cartas
de un antiguo novio
y otras
de un novio más reciente
¡Ese día, imposible!
¿No podría ser
la semana que viene?
Respondo
y me entusiasmo:
¡Claro
que podría!
Quedemos para el lunes
a las cinco de la tarde
¿No te parece?
Respondo
y concluyo:
Sí.
sí y acepto,
Alfonso, mi amor,
hasta la vista.
Concluyo
yo también:
Hasta
la vista,
Mimí, Mimí,
Mimí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario