Camellos
Los veo balancear sus extrañas
cabezas como gansos,
diecinueve camellos en fila, como gansos en vuelo;
como si afrontaran un problema, o en busca
de algo, pero un poco perplejos, un poco inseguros de su derecho.
Pero me alegra que su mirada altiva
vea, como yo, la ciudad polvorienta,
la alta actividad de las calles, los rostros abotonados,
los coches como agentes secretos, la falta de todo.
Gentiles y seguros como manos de
pianista, sus pies,
deliberando sobre la piedra, imprimen
en ritmos ajenos a nosotros
las monedas de su distancia, en desdén o duda.
Movimiento de ciegos o de muy
orgullosos:
podrían ser ciegos; pero donde caen sus ojos enmascarados
tienen la mirada lejana e inocente del marinero
por donde esto termina, por el límite y la carencia de todo.
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