Alma
cándida
A la memoria de la señorita
María Teresa Dueñas.
El
alma limpia es gota de un agua luminosa
que en cálices de rosas halla inviolada cuna.
Yo sé de un alma de esas: era un claro de luna
temblando en el rocío que lloraba una rosa…
Pero una mañanita de cálidos fulgores
volvió de nuevo al cielo la limpia gota aquella,
que bien fuera por clara la hermana de una estrella,
o bien, por leve, fuera la hermana de las flores…
No hay que buscarla ahora por reinos de dolores,
el alma limpia es gota de un agua milagrosa,
que si bien se evapora, vuelve en formas mejores
a iluminar el sueño de nieve de otras rosas…
Febrero, 1924.
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