11.
Ella
abre la puerta.
El sol entra hasta el fondo del salón;
se lleva por delante las cabezas
de los bebedores,
y en su lugar deja orlas doradas.
Solitaria, la mujer avanza
entre las mesas. Cada paso
queriendo revelarnos algo.
Parece dubitar no en su porte,
que es sombra del cielo,
pero en su manera de mirar las baldosas.
Cuando levante los ojos,
todos seremos número del azar.
De: “El
hombre flaco del cuento negro”
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