Bostezo
Se
abre el bostezo
como una caja de muertos.
Tan breve y rotundo.
Me
tumbo a la sombra
de sus fauces sin fiera,
en su lecho sedoso
acolchado de olvido,
en matriz esponjosa
de bocanada fresca,
un tiempo que vale
una vida.
Y no
me acuerdo de nada
en esos entonces fugaces
en que ya no soy.
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