La ciudad
The
apparition of these faces in the crowd;
petals on a wet black bough.
Ezra
Pound
Perro
La
luna ritma entre cuatro patas. Una indecisión lo acosa: morir de hambre o ser
rosa amarilla.
Muchacha
Dos
pies perfectos metidos en suaves sandalias. Los dedos se mueven, huraños.
Policía
Desde
su vehículo blanco escupe en la pista negra. Los ojos son un muro sin pintar:
tumba recién sellada.
Iglesia
La
torre de Santa Cecilia no vigila la ciudad. Ostenta la grandeza de su boato.
Escolares
El
periquito en su jaula es enseñado a decir hurra y a silbar. Los escolares lo
ven risueños, mientras pasan recitando la oración a la bandera.
Detective
Escudriña
la vulva de las niñas morenas. Acaricia su pistola y cuida su bigote. Bebe en
las cantinas y vigila a su vecino de mesa.
Puta
No
es dueña de su esquina. No tiene cama propia. Los cigarrillos son fiados. La
noche es un cronómetro en su contra. Su cuerpo pide que la muerte sea hombre.
Incendio
El
último canario cerró la puerta. Los murciélagos despertaron en llamas. El ave
fénix tiene un seguro de desarrollo comercial.
Bruja
Una
piel amarilla pasa arrastrando unos terribles ojos negros y collares gruesos y
aretes de oro. Huele a siglos atávicos. Uno la ve y se siente miserablemente
perdonado.
Araucaria
Parece
marcar las siete y diez. El sol la ilumina por poniente. Sus vegetales puntas
señalan la miseria en todas partes.
Anciano
Las
gentes van de prisa. Canastos y esquinas obstaculizan su paso. Las puertas
están hechas en otra medida. La sangre le circula como sebo.
Loco
Una
botella usa de monóculo. A través de ella ve la luz artificial y cuenta velas
encendidas que caminan entre duendes.
Semáforo
Juega
con los sentimientos de la gente. Cuando todo el mundo parece haberlo entendido
y amenazan con asimilarlo al paisaje, se descompone, insolente.
Comercio
Un
pájaro de barro. Un gato inmóvil de ojos redondos. Relojes japoneses. Un rótulo
de consuelo: piensa en grande.
Tráfico
Por
esta calle se entra y se sale. Por estas calles se circula y se fenece. Los
autos y las personas son monedas de circulación transitoria.
Mercado
Desde
su vieja casa de adobe, se derrama hecho un sol de gritos y trastos viejos.
Ocupa las calles, ensucia el aire y anuncia el hambre desde las cinco a-eme.
Casas
nuevas
La
montaña encoge sus dominios para darle paso a las colonias. Las gentes encogen
sus vidas para caber en las casas.
Muchacha
Una
falda de pliegues, un par de lindas y sanas piernas, un hermoso cabello, la
piel tostada de los senos en la que se adivina el mar tropical. Las grandes
familias aún conservan algo de su viejo brillo.
Tomate
Destripado
con todos sus ojitos amarillos y su sangre pálida, yace en la calle. Los
peatones lo esquivan indiferentes. Su vegetal ombligo ríe de miedo.
Maestro
La
estatua del maestro vigila la circulación de autobuses desde su silla de
piedra. Las losetas están sucias, allá abajo.
Sorbetero
La
campanilla llama a los clientes y el tesoro se esconde del verano en su coraza
de hielo. Los niños se defraudan de abuelas y madres.
Monumento
Desde
la esquina contempla la calle que lleva su nombre. No tiene cuerpo. Sólo ojos
para vigilar su antigua casa.
Cuartel
Como
el mercado, también se ha derramado de sus muros, hasta robarse la calle. Sus
hombres registran flores, narices, abejas, poros. Odia los suspiros del parque.
Grandes
casas viejas
La
cultura del aislamiento es empresa fácil, cuando se tiene un gran apellido y
una casa comprensiva y bella.
De: “De
los violines y otras cuerdas”
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