Preámbulo
de preámbulos
Declinan
a diario los dioses
y
sus trazas resbalan
sobre
años y siglos
y ya
no se sabe quién es dios y quién hombre.
En
el cerebro humano sigue dios en cuclillas.
Se
agujerea a sí mismo las sienes con el dedo
en
señal de contrición
gritando
en el colmo de la aflicción:
¿qué,
qué he creado?
—Y
el hombre desconoce:
si
es dios criatura de él
o es
él — criatura de dios.
Pero
ve estéril y baldío
cavilar
sobre un ídolo
que
no responde.
Y ya
no se sabe quién es dios y quién hombre.
Ha
llegado un tiempo
en
que los hombres se entienden a la perfección
para
construir la Torre de Babel —
y a
la cima de la Torre, a la cima del trono
se
ha de subir el hombre
y ha
de gritar:
¡Dios!
¿Dónde estás?
De: “Versos
libres”
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