La
isla del lago de Innisfree
He
de partir sin falta, partir hacia Innisfree,
y alzar una cabaña con arcilla y con zarzos:
nueve hileras de judías tendré, un enjambre de abejas,
y solo he de vivir en el claro vibrante.
Y
algo de paz encontraré, pues la paz llega lentamente,
gotea entre los velos de la aurora y el lugar donde canta la cigarra;
allí la medianoche es un rescoldo, el mediodía un brillo púrpura
y la tarde se puebla de alas de pardillo.
He
de partir sin falta, pues siempre, noche y día,
oigo temblar las aguas en la orilla del lago;
en medio del camino, o en las grises aceras,
allá en lo más profundo del corazón las oigo.
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